Desde Ítaca

Me encuentro en la cafetería “Ítaca” de Murcia. Aquí se cuajaron muchos de mis sueños de mi época universitaria, hace más de diez años. Y aquí es donde he querido que termine este viaje y este blog.

No es casualidad que este blog se llame “Silencio, se viaja”. Aparte del tema de los vídeos (que estudiaremos qué hacer cuando hablemos en Cuarto Creciente Producciones), el cine ha sido uno de los ejes de rotación de esta historia, basada en hechos reales. Si me permitís el juego, si este viaje fuera una película, ¿a qué género pertenecería? ¿Comedia? ¿Drama? ¿Musical, tal vez?

Tras pensarlo mucho, creo que esta película sería una película de acción. Ha habido carreras contrarreloj, sangre, sudor, paisajes espectaculares, emociones extremas… y como en toda peli de acción, yo, el prota, he ganado. He matado al malo, he desactivado la bomba y he salvado a la humanidad. En cuanto a la chica, necesaria en esta clase de películas, he dejado un rastro de migas que algún día me juntará con ella. ¿Os imaginabais un final mejor?

Aquí es donde se encienden las luces y empiezan los créditos. Dadle al play en cuanto termine de cargar, si no lo ha hecho ya. Como me han dicho en alguna ocasión, el desenlace no es más importante que cualquiera de los capítulos anteriores. Es solo un final, como cualquier otro. Además, esta película ya no es solo mía. También es de todos los que habéis seguido mis pasos.

Viajad. Ya sea por dentro, o por fuera, pero viajad.

Un abrazo y hasta siempre.

Hemehan

He entrado. He salido. He dibujado. He escrito. He fotografiado. He blogueado. He tuiteado.

He reído. He llorado. He respirado aire puro. Me han dejado sin respiración. He limpiado mi alma. He pensado en lo que he hecho. He actuado sin pensar. He perdido kilos. He ganado experiencias.

Me han asaltado con una pistola. He sentido amor. He sufrido el desamor. He besado. Me han abrazado. He ellaculado. He estado perdido. Me han encontrado. He renovado mi equipaje. He cargado pesos innecesarios. He despedido para siempre. Me han saludado como nunca. Me han ayudado. Me han empujado. Me he caído de bruces. Me he levantado con mis cruces.

He hablado en la radio. Me han visto en la tele. He nacido al amanecer. He muerto al renacer. He perdido mi fuego. He conocido el Alma. He hecho reír a un niño moribundo. Me han faltado minutos. He agarrado manos nonagenarias. He sido un juguete. He jugado a olvidar. Me han hechizado. He tenido alucinaciones. He sangrado por la boca. He sido yo con la naturaleza. He cruzado fronteras.

He querido lo imposible. He deseado lo impensable. Me han soltado. He quemado vidas. Me han curado heridas. Me han secado lágrimas. He comido calendarios. He bebido milagros. He mantenido promesas. He roto juramentos. He luchado por mi vida. He peleado por comida. He endulzado recuerdos. He amargado futuros. He dormido en espacios pequeños. He soñado mi tiempo a lo grande.

He leído. He crecido. Me han abierto los brazos. He abierto los ojos. He cerrado etapas. He lavado trapos sucios. He cuidado mis pensamientos.  He añorado a mi gente. Me han hecho sentir como en casa. He pronunciado palabras nuevas. He tocado instrumentos. He hablado idiomas. He levantado polémicas. He practicado yoga con un maestro. Me han guiado en una meditación.

He hecho magia. Me han imaginado. He compartido platos. He incubado mentiras. He sudado verdades. He improvisado. Me han escuchado con interés. Me han ignorado. He tocado el cielo. He regateado. Me han timado. He invertido los términos. He terminado invirtiendo. He asistido a bodas. Me han casado con alegría. Me he cansado con tristeza.

He conducido por el desierto. He galopado por la playa. He nadado entre peces de colores. Me he desplazado en bus, bici, coche, lancha, ferry, avión. He gateado por túneles. He visto la luz.

He construido castillos en las nubes. Me han querido joder. Me han querido, joder. He olido ballenas. He fingido nacionalidades. He visto las señales. He deambulado sin rumbo. He sembrado semillas. He roto lazos. Me han enlazado. He llegado al fin del mundo.

He viajado.

Consejos para un viaje como este

Quien más, quien menos, y sea por el motivo que sea, ha soñado con hacer un viaje así y recorrer Latinoamérica. En base a mi experiencia, ¿qué cosas son necesarias para tener éxito? Esto, os recuerdo, es solo mi opinión.

  • Fuerza de voluntad: Lo más importante. Debes estar preparado/a para saber que vas a pasar contrariedades y momentos malos… y que lo vas a superar. Ahí está todo lo bueno y todo lo malo a tu disposición. Elige quién quieres ser.
  • Fuerza física: Dedica unos días previos a ponerte en forma para que no te pillen por sorpresa las duras condiciones que en ocasiones atravesarás (viajes de horas en autobuses cochambrosos, etc.)
  • Dinero: Cuanto más tengas, más lejos llegarás, aunque no necesariamente aprovecharás mejor la experiencia.
  • Disciplina: Sé organizado/a. Tu mochila es tu mundo. Tienes que saber en todo momento qué llevas, dónde dejas las cosas y no esparcirte demasiado, porque a veces te tocará hacer una mochila a oscuras en una habitación compartida. O a veces llegarás a una ciudad cansado/a y aún así tendrás que lavarte la ropa aunque no te apetezca.
  • Optimismo: Trabájalo. Visualiza a cada momento tu objetivo, incluso si este abarca solamente 24 horas. Es más, cuanto más a corto plazo sean tus objetivos, mejor.
  • Pesimismo: Utilízalo a tu favor. Da por hecho que, en función de las zonas que atravieses, es probable que te asalten, te hurten o simplemente pierdas posesiones accidentalmente. A todos les ha ocurrido. Es una mala experiencia, pero la enseñanza lo compensa.
  • Mochila: Deja al menos un tercio de la mochila vacía, porque necesitarás espacio para meter comida en alguna ocasión, o algún regalo irresistible para cuando vuelvas.
  • Equipaje: No te lleves nada que entre en la categoría de “por si acaso”. Probablemente no lo necesitarás. Cuida por encima de todo tu pasaporte y tu tarjeta de crédito.
  • Ropa: Llévate pocas camisetas (te va a gustar renovarlas de vez en cuando), un pantalón de chándal que te pueda servir para dormir y para emergencias, y poco abrigo (en muchos países, la ropa es barata y puedes adquirir lo que necesites).
  • Medicinas: Llévate suero oral, ibuprofenos, tiritas, antibióticos y poco más, en función de tu nivel de hipocondria (aquí entramos en la categoría de “por si acaso”).
  • Vacunas: Yo me puse todas las obligatorias y las recomendadas, pero no me han pedido absolutamente ninguna en ninguna frontera. El famoso tratamiento preventivo de malaria es muy duro, y no compensa (porque, en caso de contraer la enfermedad, el tratamiento es el mismo, con una dosis mayor).
  • Tecnología: Cualquier aparato que te lleves (portátil, iPod, iPad, etc.) puede ser útil, pero a la vez  un hijo al que alimentar, cargar (en el doble sentido de las baterías y el peso), proteger de las altas temperaturas y, en definitiva, una preocupación.
  • Comunicación: Piensa si realmente es vital para tu viaje tuitear a cada momento dónde estás, o marcar tu posición con Foursquare. Además, el mundo virtual puede hacer que te pierdas experiencias reales. Aquí hay mucha emigración, y las tarifas de los locutorios son muy asequibles.
  • Cosas imprescindibles: una linternica, una navaja suiza (de las buenas, no te suceda como en “127 horas”), una cámara de fotos pequeña, un pequeño candado, y un bloc para apuntar cosas. Lleva siempre una lata de atún, una de macedonia de vegetales, un par de sobres de mayonesa de cualquier McDonald’s y una manzana.
  • Cosas innecesarias: libros (es necesario leer algo, pero hay muchas librerías y puestos donde comprarlos y luego dejarlos por ahí), guías de viaje (siempre hay alguien que lleva una y te la puede prestar :P ) y una cantimplora.
  • Vida sentimental: Si arrastras una historia conflictiva, recuerda que la distancia es una lupa que aumentará el dolor. Ciérrala lo más herméticamente posible antes de viajar, o en su defecto, intenta aprovechar la experiencia del trayecto para cerrarla.
  • Ganas de divertirte: Es un viaje duro, pero a poco que hagas, tendrás muchos más momentos de diversión que de tristeza, y cuando vuelvas, lo echarás de menos. El momento presente es tu gran aliado.
  • Confianza: Si llevas un tiempo queriendo dejar tu trabajo y no tienes ataduras importantes (sé sincero/a al distinguirlas), haz el viaje. Las cosas serán mejor cuando vuelvas, porque tú serás mejor persona.

Cifras y letras

Estos son unos cuantos cálculos estimados del viaje:

  • 43.280 kilómetros recorridos. Calculados en base al mapa de la ruta (sin contar el trayecto Madrid-México DF). Muchos tramos de sinuosas curvas han sido dibujados con una línea recta, con lo cual, he añadido un poco a la suma total. Si el perímetro ecuatorial de la Tierra es de unos 40.000 kilómetros, se puede decir que prácticamente he dado la vuelta al mundo en autobús.
  • 6.000 euros. Ese fue mi presupuesto inicial. Me he administrado muy bien (privándome de muchas cosas que sé que otros no podrían), aunque ahora mi cuenta bancaria está moribunda. Si hubiera tenido mucho más dinero, hubiera dado la campanada y, en la Isla de Pascua, hubiera seguido hacia Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Indonesia… Moscú… y regresar a España por oriente. Hubiera molado, ¿no? Por soñar que no quede… Eso sí, vuelvo a insistir en que el dinero es importante, pero no lo más importante de este viaje.
  • 579 personas conocidas. He apuntado en los diarios los nombres de casi todos. No obstante, calculo que realmente habré conocido a mucha más gente. Todos, quien más, quien menos, han cumplido su papel.
  • 300 días viajando. Repito, más o menos. Lo curioso es que el ecuador temporal me pilló en Oruro, un nombre palindrómico, y la segunda etapa del viaje prácticamente coincidió con el cambio de país (Bolivia), el cambio de cuaderno y una larga estancia en una ciudad (México DF en la primera mitad, Cochabamba en la segunda).
  • 87 litros de cerveza bebidos. Durante varios meses, tenía la tradición de escribir en el diario por la noche, en el hostal u hotel donde durmiera, con una cerveza y una chocolatina. Recuerdo aquello como uno de los momentos más felices e inspiradores del viaje. Ah, he sumado algunos litros compartidos.
  • 82 camas en las que he dormido. El país donde más colchones he aplastado es Perú, con 14 camas. No he contado las veces que he hecho trayectos nocturnos.
  • 49 matasellos estampados. Mi pasaporte ha sido besuqueado todas estas veces, incluyendo varias veces de entrada y salida entre Chile y Argentina (para ir a Ushuaia), y dos sellos exclusivos muy especiales: en el Machu Picchu (conmemorativo del centenario del descubrimiento) y en la Isla de Pascua.
  • 7 kilogramos adelgazados. Pero a día de hoy, he recuperado unos cuantos, y ya estoy algo más lustroso. Eso sí, me siento muy en forma, pero supongo que es más por dejar atrás la vida sedentaria de oficina que llevaba antes.
  • 6 camisetas regaladas. Una en San Cristóbal de las Casas. Otra, en Tegucigalpa. Otra, en Managua. Otra, en Ciudad de Panamá. Las otras dos, compradas a 70 céntimos de euro en Cochabamba (es decir, regaladas).
  • 3 camisetas rotas. Dos, rotas por el uso. Otra, desgarrada en el asalto de Managua.
  • 2 océanos bañados. El Atlántico (Caribe incluido) y el Pacífico (Polinesia incluida).
  • 1 sueño cumplido.

Alfaomegario del viaje

A de Autostop: El día que entré a Paraguay tuve que hacer autostop (o “pedir un ride”, como dicen por aquí) porque no había otra forma de llegar a Filadelfia. Me recogió (o “levantó”) una camioneta, a la que me subí en la parte de atrás bajo un calor abrasador. No tenía dinero, me dirigía a una ciudad con un solo hotel, y acababa de dejar Bolivia atrás. Esa mezcla de incertidumbre y vitalidad fue hermosamente aterradora.

B de Beth: Beth era un amasijo de inseguridades cuando la conocí. Escuchó, meditó, rectificó y tomó la decisión de no dejar entrar más mentiras en su vida. Es una de las personas más inteligentes que he conocido en este viaje.

C de Clownciencia: Me inventé esta palabra en el taller de improvisación que impartí con los Doctores de la Alegría, para definir el punto en que trascendemos las convenciones sociales y actuamos como realmente somos. El objetivo del clown es despojarse de su nariz y seguir viviendo de esa forma.

D de Drexler: Verle actuar en su país, y gratis, es un privilegio incluso si no eres un gran fan. No lo he visto actuar en España, pero se notaba que irradiaba felicidad por estar con los suyos.

E de Esperanza: Durante mucho tiempo fue la palabra que más se repetía en mi cuaderno rojo. Creo que debí cambiarla por “Engañándome”.

F de Feijoada: Miriam, brasileña, es la directora de Los Doctores de la Alegría, la asociación que me mostró lo mejor de mí. El día que me fui, tras comer la deliciosa feijoada que preparó para 25 personas, todavía se atrevió a darme las gracias por haber formado parte de la asociación.

G de Gestalt: Recuerdo con especial cariño las conversaciones con José, mi vecino terapeuta. Él pertenece a la escuela de la psicología gestáltica, y me invitó a una sesión de regresión para mostrarme algo que nunca había visto.

H de Huanchaco: En la playa de Huanchaco, Perú, hay hermosas piedras. Una de ellas llamó mi atención. Quise llevármela, pero decidí no hacerlo, pues cada gramo cuenta en la mochila. Al cabo del rato, sentí la llamada de esa piedra y volví a la playa a por ella.

I de Illimani: Una de las primeras cosas que vio mi nuevo yo fue este monte sagrado de Bolivia, iluminado por el amanecer, justo tras la Danza Larga.

J de Jung: Jung Eun-Sook es una chica coreana, ilustradora de libros infantiles. Ella vio mi diario y me dijo que podría ser autor e ilustrador si me lo propusiera. Tomo nota.

K de Kora: Kora, en Bolivia, me ayudó con mi alemán, que estaba oxidadísimo de no haberlo practicado casi nunca. Varios países más tarde, en Chile, pude mantener varias conversaciones en ese idioma.

L de Lágrimas: Ha habido muy malos momentos en este viaje, de esos de comértelos en soledad porque tu amigo más cercano está a miles de kilómetros. Si tengo algún motivo para estar orgulloso de algo, es de haber superado esta circunstancia y salir reforzado.

M de Moáis: El hecho de que fueran intocables (salvo uno o dos, mientras no te vieran los guardias de la Isla de Pascua), hizo más difícil asimilar que estar frente a ellos estaba realmente sucediendo.

N de Nela: Ella me hizo el mejor regalo que me han hecho en mucho tiempo: un abrazo de esos que curan vidas y corrigen caminos torcidos.

Ñ de Ñandú: El ñandú es sólo un ejemplo de todas las especies animales (y vegetales) espectaculares que he visto en este viaje. Lástima que mi cámara no fuera lo suficientemente buena para captar la exuberancia de la fauna y flora. De hecho, lo que más lamento es no haber tenido un Photoshop para embellecer las fotos. En este aspecto, he aprobado con un cinco raspado.

O de Ostiones: En Valparaíso conocí a tres españolas con las que me di un soberbio homenaje de marisco en el Mercado El Cardonal. Estas, a su vez, me hicieron otro encargo como los que me pedíais al principio, para cumplirlo en Santiago de Chile.

P de Pachamama: La Pachamama, o “Madre Tierra”, es un concepto arraigado en Perú y Bolivia. Todos venimos de la Tierra, y a ella tenemos que darle de vez en cuando algo para agradecérselo. Es envidiable cómo en Latinoamérica llevan en la sangre la capacidad de orientarse cardinalmente a cada momento, o cómo dan por hecho la existencia de diferentes niveles espirituales que nos conectan con distintos estados del ser.

Q de Quechua: Junto con el aymara, es el gran idioma centroandino. Es una pena que no haya una política de protección fuerte a ambos idiomas (y, en consecuencia, culturas), y que el tiempo y la industrialización estén arrasando con tantas tradiciones.

R de Risotto: “El Doctor Risotto, tan picante como el locoto”, era mi grito de guerra con los Doctores de la Alegría, en Bolivia.

S de Silencio:

T de Timpana: Prometo hacer algún día, en otro blog, una entrada dedicada a este grupo musical como se merece. Por lo pronto, aquí dejo su Facebook.

U de Uyuni: Una increíble experiencia, de día (por todo lo que se visita) y de noche (por el frío… y los trillones de estrellas que hay).

V de Volver: Sólo dos veces estuve a punto de volver, e interrumpir el viaje antes de lo previsto: una, en Managua, y otra en Ciudad de Panamá. He visto a muchos viajeros interrumpir sus viajes en contra de su voluntad, y se pasa realmente mal. Entonces, ¿con qué derecho podría yo hacer algo así, si no ha habido una razón de peso para volver?

W de Weiss: Las conversaciones con el Sr. Weiss fueron muy enriquecedoras. Me contó la historia de su abuelo en el campo de concentración, entre muchas otras conversaciones que en España nunca había tenido.

X de Xochicalco: Fueron las primeras ruinas arqueológicas que visité en México, y uno de los primeros zarandeos que sufrí en plan: “Oli, esto es real, estás en este viaje”.

Y de Yo: El “yo” de antes, y el de después. ¿En qué me ha cambiado este viaje? En muchas, pero sobre todo ha reafirmado en mí la confianza en que hay cosas que funcionan en el mundo por sí mismas, y que ya no me preocupan lo más mínimo. Todo funciona, porque siempre ha funcionado. Así de simple.

Z de Zzzzzz: Si te has dormido leyendo esta entrada, me parece perfecto, siempre que lo hayas aprovechado para soñar.

El parto

Hace hoy nueve meses que empezó este viaje, en México DF. No mucho después de aquel día, rendí un pequeño homenaje a la madre, a mi madre, a través de un monumento de la ciudad.

Mi viaje empezaba a gestarse. Siempre pensé que el fruto de mi vientre nacería prematuro, y sinceramente, al principio no confiaba en llegar tan lejos. Tres meses, a lo sumo cuatro, pensaba que aguantaría, y me imaginaba al neonato durante varios meses más en una incubadora, con tubos por todas partes, luchando por salir adelante.

Sin embargo, empecé a sentir un gran amor por lo que hacía: viajar, hasta el punto en que viajar se convirtió en una forma de entender la vida. El resto de la historia, resumida, ya la conocéis: atravesé Centroamérica, Sudamérica, llegué hasta el sur, volví a recuperar (mi camino hacia) el norte, y aquí estoy, de nuevo en México DF, donde empezó todo, en la misma casa, en la misma mesa, a esa hora en la que unos y otros (quien más, quien menos), duermen a ambos lados del Atlántico.

Después de un doloroso parto, el bebé ya está entre mis brazos. Ha nacido sano. De momento no interactúa mucho, pero es risueño y se le ve con carácter. Espero poder presentároslo pronto, y que pueda enriquecerse de vosotros, como yo me he enriquecido de él durante estos meses. Creo que esta nueva criaturica os va a gustar.

El cuaderno negro

Una de las señales más evidentes del viaje que estoy viviendo por dentro está plasmada en los dos cuadernos en los que he registrado cada día desde marzo. Mucho antes de llegar a la última página del cuaderno rojo, ya veía que necesitaría un segundo cuaderno. A fin de anticiparme, comencé a buscar uno. Necesitaba que tuviera las páginas blancas, tamaño A5 o similar, con cierto grosor y, a ser posible, bonico. Estaba claro que no encontraría un Moleskine, perfecto para escribir y pintar acuarelas, pero algo decente encontraría, seguro.

En Las Tablas, Panamá, entré a un “Todo a dólar” y vi por casualidad un cuaderno muy cutre (básicamente un paquete de cien folios doblados por la mitad y grapados en el centro), feo y sin personalidad alguna:

Este cuaderno costaba un dólar americano. “Bueno, me lo llevo, y si no encuentro nada mejor, lo usaré”. Desde entonces, estuve buscando en todos los mercados, papelerías y librerías de Colombia, Ecuador y Perú, pero encontrar uno fue una misión imposible. Hasta que un día, el cuaderno rojo llegó a su fin, justo cuando entré en Bolivia. No tuve más remedio que empezar el terrible cuaderno que compré.

Sin embargo, algo sucedió desde la primera página. El hecho de escribir en un cuaderno tan diferente, hizo que el propio viaje cambiara. Las vivencias, que en Bolivia se hicieron más intensas, condicionaron los textos… y viceversa. Me organizaba mejor con las cosas que pegaba en sus páginas, realizaba mis propios mapas, tomaba datos prácticos, desarrollé una iconografía especial… incluso me retaron a contar una semana en plan cómic, y acepté el desafío con estos resultados:

Hice pocos dibujos, pero también estos cambiaron totalmente de estilo con respecto al cuaderno rojo.

Si el cuaderno rojo me enseñó ciertas cosas, el cuaderno negro ha llevado esas enseñanzas al extremo. Cuando comparo ambos textos, parecen escritos por personas diferentes, en siglos diferentes. Eso sí, la primera enseñanza es el costo de las cosas frente a su valor: este cuaderno me costó un dólar, pero ¿cuánto vale ahora para mí?

Top 10 hechos y palabras

Hay dos tipos de enseñanzas: las que te dan las experiencias, y las que aprendes a través de las palabras. El primero de estos dos top tens abarca las experiencias que más me han marcado en este viaje (dando por hecho que, a día de hoy, y salvo sorpresas, tó’l pescao está vendío).

Top 10 experiencias:

1. Subida al Puerto del Aguacate. (Costa Rica, 15 de mayo)
2. Compartir el silencio. (Bolivia, 22 de septiembre)
3. La Danza Larga. (Bolivia, 13 de agosto)
4. Las visitas al hospital infantil y el asilo. (Bolivia, agosto-septiembre)
5. El asalto a mano armada en Managua. (Nicaragua, 6 de mayo)
6. Las minas de Potosí. (Bolivia, 16 de septiembre)
7. El susto en Chamula. (México, 10 de abril)
8. Enfrentarme a un escorpión. (Nicaragua, 10 de mayo)
9. Una conversación en un bus. (Perú, 15 de julio)
10. El ataque en Matagalpa. (Nicaragua, 28 de abril)

Se puede decir que Bolivia y Nicaragua han sido los países más moviditos. No obstante, en Costa Rica, dentro de un coche, se dio la Experiencia que marcaría mi actitud ante el viaje a partir de ese momento: una serie de coincidencias mágicas que empezaron hace dos años y desembocaron en una canción que abrió mi infancia en canal, sembrando las semillas de todas las cosas buenas que quiero en el futuro.

Top 10 frases:

1. “Make it fucking count”. (Panamá, 24 de mayo)
2. “Es tu momento, disfrutalo”. (Costa Rica, 15 de mayo)
3. “Sigue, no más”. (Bolivia, 7 de septiembre)
4. “Ya puedes abrir los ojos”. (Nicaragua, 1 de mayo)
5. “Breakdown leads to breakthrough”. (Colombia, 8 de junio)
6. “Somos un juguete del tiempo”. (Bolivia, 1 de septiembre)
7. “Tiene que ser así”. (Perú, 15 de julio)
8. “¿A qué estás esperando?” (México, 19 de marzo)
9. “¿Puedes montar? Pues monta”. (Nicaragua, 10 de mayo)
10. “¡Compartí!” (desde Bolivia en adelante, desde el 22 de julio)

Estas son frases que he dicho yo o me han dicho a mí, indistintamente. Lamento para los no angloparlantes que la primera frase esté en inglés, pero su traducción es algo complicada (y más, obviando el contexto). Sería algo así como “Haz que valga la pena, joder”. La pronunció Nathan, uno de los viajeros en pareja que más me impresionó. Él vive en Arizona. Era luchador profesional. Me contaba que lo único que sabía hacer bien en la vida era pelear, hasta que conoció a Nancy, su “beautiful wife” (“hermosa mujer”, como me la presentó, literalmente), y ella le salvó del agujero de peleas, drogas y prostitución en el que vivía sumido. Ahora es artista, y talla figuras de madera en Arizona. He escuchado muchos consejos e historias durante este viaje, pero ninguna como la de Nathan. A Nathan le salvó el amor. Y ambos top tens hablan de lo mismo.

Top 10 lugares y hogares

Estos top tens son diferentes a los que os enseñé de las ciudades visitadas. Ahora voy a valorar dos aspectos: los lugares que más me han gustado y las casas de amigos que me han alojado, y que han servido de hogares necesarios intercalados entre tantos kilómetros.

Top 10 lugares:

1. Salar de Uyuni (Bolivia) –aquí y aquí
2. Cataratas del río Iguazú (Brasil-Argentina) –aquí
3. Machu Picchu (Perú) –aquí
4. Isla de Pascua (Chile) –aquí y aquí
5. Isla de Ometepe (Nicaragua) –aquí
6. Isla de la Plata (Ecuador) –aquí
7. Bahía de Drake (Costa Rica) –aquí, aquí y aquí
8. Barrio de Tepito (México) –aquí y aquí
9. Valle de Cocora (Colombia) –aquí
10. Pirámides de Tikal (Guatemala) –aquí

En esta lista llama la atención la variedad. Cada uno de los lugares destacados pertenece a un país diferente. Todos se basan en la apabullante fuerza de la naturaleza, a excepción de Tepito, donde el poder social del barrio es casi equivalente al paisaje más espectacular que puedas imaginar. Me parecía justo que estuviera en este top ten.

Top 10 hogares:

1. Laura (México DF, México)
2. Maira (San Cristóbal de las Casas, México)
3. Familia Ponce (Lepaera, Honduras)
4. Mónica (Tegucigalpa, Honduras)
5. Álvaro (Managua, Nicaragua)
6. Sandra (Armenia, Colombia)
7. Phil (Cochabamba, Bolivia)
8. Elvira (Cochabamba, Bolivia) -D.E.P.-
9. Familia Wilant (Mar del Plata, Argentina)
10. Familia Nicholson (Ciudad de Panamá, Panamá)

Estas casas donde he dormido, están ordenadas cronológicamente. En el primer puesto está la casa de Laura, una de mis amigas más veteranas de Madrid, que lleva cinco años viviendo en México DF, la ciudad -y su casa, de nuevo- donde me encuentro ahora mismo. Su apoyo fue la rampa de lanzamiento perfecta para comenzar el viaje. Laura es generosa, sabe escuchar y es muy fácil convivir con ella. Laura ha aguantado mis primeras paranoias del viaje, mis miedos, mis agobios, mis dudas… Laura, con todo lo vivido hasta estos días, se ha consolidado como una gran amiga.

No quiero extenderme demasiado uno a uno, pero todos ellos saben lo agradecido que estoy. A ninguno de ellos (salvo a Laura) lo conocía antes de este viaje, así que os vuelvo a dar las gracias por vuestra generosidad, altruismo y por romper el rutinario binomio bus-hostal y hacerme sentir en un hogar de vez en cuando. Gracias a la cama que me habéis dejado, no sólo me habéis ayudado a dormir; me habéis ayudado a seguir soñando.

Top 10 viajeros

De no ser por los momentos compartidos con los viajeros que he encontrado en el camino, este viaje no hubiera sido lo mismo. He querido hacer dos categorías: viajeros solitarios y viajeros en pareja (no necesariamente parejas sentimentales). Es una distinción importante, porque ambos tipos de relaciones han sacado a relucir aspectos muy dispares de mi personalidad. De nuevo, he tenido que ser extremadamente selectivo.

Junto al nombre, pongo el país de procedencia, y el país o países donde hemos coincidido.

Top 10 viajeros solitarios:

1. Valérie, Francia (Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, Bolivia)
2. Lucile, Francia (Costa Rica, Panamá)
3. Mitch, Australia (Bolivia, Argentina)
4. Daphne, Bélgica (Perú)
5. Marianne, Suiza (Perú)
6. Rubén, España (Argentina, Perú)
7. Christina, USA (Nicaragua)
8. Josh, Nueva Zelanda (Panamá)
9. Alexa, Francia (Panamá, Colombia)
10. Alina, Alemania (Chile)

Destaco un par de datos: he congeniado especialmente con francófonos (Francia, Bélgica y Suiza -la parte francesa-). Por sexos, ganan ellas. El habitual sentido práctico femenino, que en los viajes se multiplica, ha sido clave para el entendimiento mutuo con las viajeras.

La ganadora indiscutible, Valérie, fue el apoyo más importante que he tenido en este continente (y sé que yo también para ella). Teníamos planeada una ruta similar, y nos seguíamos la pista para ver dónde podíamos coincidir. Lamentablemente, ella tuvo que interrumpir su viaje, lo cual me dejó un poco “huérfano” desde que nos despedimos, en la misma Cochabamba. Cuando mi viaje continuó, seguí llevándole el viaje desde mi cámara de fotos hasta su bandeja de entrada, allá en París.

Fe de errores (27-11-11): Revisando mis notas, encuentro que Josh, al que inicialmente atribuí nacionalidad australiana, realmente es neozelandés. Ya está editado y corregido.

Top 10 viajeros en pareja:

1. Magda y Arek, Polonia (México, Guatemala)
2. Tom y Jamie, Reino Unido (Perú, Paraguay)
3. Laura y Daniel, Argentina (Bolivia, Argentina)
4. Cécile y Mathieu, Francia (Guatemala)
5. Suzan y Jamie, Holanda (Brasil, Argentina)
6. Sandra y Thom, Francia (Argentina)
7. Ilona y Nils, Holanda (Argentina)
8. Kora y Jerome, Alemania e Italia (Bolivia)
9. Nancy y Nathan, USA (Panamá)
10. Bozena y Sebastian, Polonia (Ecuador)

Francia, Polonia y Holanda son los países que más viajan por parejas, y también aquellos con los que mejor he congeniado. Todas estas parejas eran muy abiertas y nada excluyentes.

Los ganadores son Magda y Arek, de las personas más generosas y nobles que me he encontrado en el camino. Los conocí en la selva lacandona de Chiapas, y al poco caí enfermo. Ella, que es médica, se dedicó en cuerpo y alma a cuidarme, entrando a mi choza para controlar el agua, la temperatura, para traerme hidratos de carbono en forma de tortillas… Gracias a sus cuidados (y un trago de vodka que me dieron unos rusos que había por ahí), pude reponerme y continuar mi viaje.

Silencio, se viaja

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