Ensayo (sobre tribus) y error

La Plaza de Insurgentes es como un ruedo salvaje donde encuentras de todo. Vendedores, mendigos, timadores y gente sin nada que hacer son sus principales pobladores. A veces pienso que esta plaza es como Ciudad de México, pero en miniatura. Incluso está en un valle rodeado de montañas, las avenidas que confluyen en la rotonda.

El colectivo que más me llama la atención es el de los skaters (con el monopatín) y los BMX riders (con la bicicleta acrobática). Son capaces de caer y levantarse una y otra vez para volver a enfrentarse a ese truco o esa figura imposible. Es el llamado “Ensayo y error”, una forma directa de resolver problemas y superarse a sí mismo.

Las tribus urbanas de México DF son muy variopintas. Como siempre, hay de todo en todas partes, pero yo destaco dos: los góticos y los emos. Y hay una versión light de esta última tribu que marca una auténtica tendencia entre ellos: la extravagancia es cool, especialmente en el peinado. Entre ellas no percibo tanta necesidad de destacar. Salvo grotescas excepciones que están dentro de lo esperable (como en todas partes), las mexicanas son más discretas que ellos tanto al vestir, como al acicalarse.

El amor se vive apasionadamente, les pille donde les pille. Es normal encontrarse bancos ocupados por parejas besándose, sea cual sea la edad, y codo a codo con mendigos contando las latas recolectadas en el día.

La llamada Zona Rosa es el barrio gay de México DF. Es mucho más enguetado que Chueca en Madrid, o Greenwich Village en NYC. Pocos heteros salen de marcha por ahí; no es un barrio en el que los heteros se les haya perdido algo. El colectivo les-gay es muy autoprotector aquí, y parece que quiere pasar desapercibido, salvo en la propia Zona Rosa, donde juegan en casa y ponen sus reglas. Si no me equivoco.

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