¡Panamá, ven a mí!

Panamá. El país de las gorras y las MILFs. Anoche dormí en Santiago (pero no efectué el ritual de los cabezazos con el apóstol porque ese Santiago no es mi objetivo), en un hotel de carretera. Pero no era una carretera cualquiera. Era la carretera pa-panamericana, y el hotel se llamaba “Hong”, así que podéis imaginar el tipo de tugurio picadero para transportistas en el que dormí. Eso sí, conseguí una rebaja poniendo caritas a la recepcionista, bajo la promesa de que “no ensuciaría mucho”. Al final estuvo bien, dormí muy a gustito, gracias a la cerveza a 55 centavos de dólar (que ni en el Makro) y gracias a que tuve un destello de verdad que me hizo sentir feliz todo el día. ¡Que dure, que dure!

Hablando de dinero, en Panamá tienen una moneda, el balboa (que se llama igual que la cerveza local). 1 balboa = 1 dólar americano. ¿Qué quiere decir esto? Que cuando pagas algo en billetes, te devuelven monedas indistintamente de un tipo u otro. No sé si existen billetes de balboa; me da que no los veré en cualquier caso. Algún día, posiblemente, 1 cerveza acabe equivaliendo a 1 dólar, y te den el cambio en chapas de botella. Por cierto, José Miguel, te estoy guardando unas monedas de cada país (este es otro encargo para SsV).

El otro día, en Bocas del Toro, vi un mini-tsunami. Estaba hablando con un amigo del Camino en el muelle de nuestro hostal, y de pronto nos callamos a la vez. Vimos una extraña ola, que surgió de la nada. Era como un tirabuzón de agua que rompía sobre sí mismo, como un rulo de espuma que avanzaba inexorable hacia todas partes, desde un origen radial. Tenía menos de un metro de altura, pero a su paso, los barcos se balancearon violentamente, como un wibol (creo que esta palabra sólo la entenderá mi familia). Nos miramos y dijimos: “Nunca he visto un tsunami, pero eso era un tsunami, o algún fenómeno sísmico”.

Sucede en Panamá que tengo la sensación de que hay poco que ver. O no lo venden bien, o yo no lo veo, por más que miro el mapa de carreteras que cogí en FITUR antes de salir de viaje. Además, como el país parece acabar en Ciudad de Panamá (porque hacia el este hay selva y casi ninguna infraestructura), empiezo a mirar horarios de aviones para Colombia. Porque, eso sí, la frontera terrestre de Panamá-Colombia está dominada por los narcos, y ni siquiera hay un camino oficial. Con todo, sólo hay tres formas de cruzarla: por avión (o avioneta), por barquito con un capitán borracho y cuatro gringos durante 5 días, o por carguero desde la ciudad de Colón, pidiéndole permiso al capitán de uno de ellos para que te deje ir en la bodega. Confieso que estoy barajando esta última opción.

Mirad las fotos de arriba. Pertenecen a la región de Los Santos, una zona que, según me dijeron en FITUR, es bastante folklórica. Es preciosa, la verdad. Parece la comarca de los hobbits, con sus suaves colinas verdes que se extienden hasta el infinito. He encontrado una pensión, “Pensión Marta”, que hace que el “Hong” parezca un palacio chino (que tenía un toque, por cierto; y hablando de chinos, aquí hay muchísimos… como si no tuvieran bastante con la americanización…) Duermo por 10,50 dólares la noche entre cuatro paredes y sobre una cama bajo la cual no quiero mirar porque me recuerda al episodio de Antonio Banderas en “Four Rooms”.

Así que Panamá, en contra de mi voluntad, me va a durar menos que un lincoln pisoteado.

2 comentarios. Deja el tuyo aquí.

  1. Ignacio y Mercedes //

    ¡Hola, Pablo!: Ayer estuvimos, Mercedes y yo, en la casa de tus padres, ya que nos obsequiaron con un fabuloso concierto primero y con una cena excelente después y nos enteramos de tu viaje y de tu blog. Hoy mismo te hemos estado leyendo y, sinceramente, nos parece una experiencia fabulosa y muy valiente. Te seguiremos puntualmente en tu recorrido por América. Veo que has planteado narrar tus peripecias con detalle. Cuantos más detalles, más vivamente lo viviremos quienes te seguimos. Seguiremos en contacto. Un abrazo.

  2. Oli //

    ¡Hola! Pues gracias a Mercedes, hoy puedo decir que me gusta pintar. Un abrazo muy fuerte a los dos y gracias por haber asistido al concierto, que sabéis que era tan especial.

    OLI I7O

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