Formas de volar

Ayer vi una triste imagen: un pelícano con el ala rota, acechado por varios zopilotes (unos carroñeros locales) esperando el momento a morir. Como aquella famosa foto del niño etípoe y el buitre. Aquel pelícano no era el de esta foto, pero me sirve para ilustrar la entrada. Porque, cuando los pelícanos no tienen el ala rota, es espectacular verlos volar (la primera vez los vi en San Francisco).

A veces yo también sueño que vuelo. Es como si nadase por el aire, a trompicones, aprendiendo a cada brazada (estilo perrito, por cierto, muy poco elegante). Hay amigos míos que vuelan como un misil teleridigido, e incluso conozco a uno que dice que le salen alas de la espalda. Le duele, pero sabe que volar bien merece ese dolor.

Mañana tomo una avioneta hacia Colombia. Será la primera vez que vuele en este viaje. Me da un poco de miedito volar en un aparato tan pequeño, pero merecerá la pena acordarme durante un rato de la otra forma de volar que no he mencionado: la insuperable ligereza que experimenta nuestra alma cuando la llenas hasta arriba de la emoción de sentirse vivo.

6 comentarios. Deja el tuyo aquí.

  1. Jose //

    A medida que vas bajando por el continente tus “posts” se hacen más líricos y profundos. Supongo que eso debe indicar que el viaje lo estás viviendo por dentro cada vez con más intensidad.
    Un abrazo.

  2. Alejandro //

    Pablete, te leo (a veces) y me alegra mucho saber que sigues adelante en tu camino que, como dices, principalmente es interior. Qué bueno que seas consciente de ello. También me alegra mucho que estés cumpliendo el sueño que durante varios años me comentaste, y que, por fin, te hayas decidido a realizarlo.

    América es mágica; ahora que llegas a colombia no dudes en leer unas páginas de “100 años de soledad”.

    Un abrazo compañero!

    Malakías

  3. seli //

    Colombia seguro que te recibe de la mejor manera posible, creo que será mi próximo destino. En Bogotá tengo un amigo con el que intentaré ponerte en contacto sí quieres. Cuídate.Ub abrazo

  4. Pe //

    Yo también vuelo “nadando” en sueños, nada muy elegante y a poca altura (un par de metros a lo sumo) pero algo es algo…

  5. Irina //

    Uf, con esta entrada se me escapó la lagrimilla y “las lágrimas son para llorar cuando vale la pena”. Llevo viendo últimamente que los humanos somos los mayores y más crueles depredadores de humanos y es cuando “la rabia enciende mis palabras” sin lágrimas. Claro que, esta visión igual me ha llegado por el simple hecho de tener la suerte de estar rodeada de varias gentes altruístas y esa luz sea la que me permite ver las sombras aunque duela.

    Buen vuelo y continúa soñando!

  6. Nela //

    Indecisa entre escribirte en este o en el del Canal, ahora que me he puesto al día… Sonrío y para seguirte en tu tono lírico te dejo dos poemas de tarea: Peregrino, de Luis Cernuda (ese sería mi ¡adelante!) y Vuelo supremo, de Julián Marchena (ese sería mi aporte de palabra costarricense para que no dejés de abrir las alas). Un abrazo.

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