Medellín, la otra visión

Con mi entrada a Sudamérica, comienzo una etapa nueva en este viaje. Y de momento, está habiendo similitudes entre cuando empecé y ahora. Estoy en Medellín, una ciudad tan gigantesca que verla desde las alturas me ha recordado a la visión de México DF cuando aterricé.

Estas fotos bien podrían estar tomadas desde un avión, pero se trata del teleférico (o “metrocable”, porque Medellín tiene metro incluso aéreo) de camino al parque Arví, un espectacular (aunque ligeramente resortizado) paraje natural a 15 km del centro. El trayecto del teleférico tiene un desnivel de 1.000 metros. Ha sido como subir al cielo, a vista de pájaro.

Reconozco que no quería estar demasiado tiempo en Medellín, ni siquiera dos noches. Pero la improvisación me ha llevado al cielo (por vía subterránea del metro y luego el teleférico) y a otros lugares, como la Plaza Botero:

Aún me queda un rato por Medellín. Eso sí, del antrhotel en el que estoy durmiendo, mejor no hablo. O mejor dicho, de la zona en que está. Decidí que quería evitar las ciudades grandes por seguridad y aquí tengo dos tazas: una ciudad enorme con zonas complicadas, todavía, pero preciosa. Y la gente, salvo las excepciones necesarias, es de lo más amable y hospitalario que he conocido jamás.

Si me da tiempo, en otra ocasión os hablo del papel que cumplen hoy día las guerrillas, los paramilitares y el ejército. La mar de interesante.

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