“Queridos Reyes Magos”…

…O “Jugando, Jugando”, según se mire. Os cuento. Estos fueron los nombres de sendas exposiciones que hubo hace mucho tiempo y que trataban la evolución del juguete a lo largo de la historia. Yo era pequeño cuando la vi, pero la recuerdo perfectamente, porque cada juguete era una auténtica obra de arte.

Aquí, en Trujillo, Perú, aparte de lo que cabría esperar (una Plaza de Armas, varias iglesias, un casco antiguo colonial, ruinas arqueológicas cercanas…), existe una curiosidad: El Museo del Juguete, una versión “en miniatura” (nunca mejor dicho) de aquellas exposiciones. No son piezas de aquellas, pero la temática es la misma.

Una de las principales consecuencias de este viaje es que estoy potenciando la conexión con mi “crío interior”, casi como una continuación del desenlace de mi anterior blog. El origen de mi creatividad vital está en ese niño que llevo dentro, y al que le estoy dando chocolatinas cuando se porta bien, y riñiéndole (sin anularle ni hacerle sentir menos) cuando se porta mal. Con este viaje, en definitiva, estoy reforzando los lazos padre-hijo de mí mismo.

La foto que veis arriba pertenece a Huanchaco, una playa turística de surfistas donde a cada paso te ofrecen un ceviche de pescado. He estado esta tarde ahí, pero de bañarme, ni de coña, que el Pacífico está congelado incluso en la costa, y no es cuestión de potenciar mi “frío interior”.

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