El tercer patio

Ya es hora de contaros algo que he adelantado desde la entrada anterior. Desde que llegué a Cochabamba, he ido regularmente a comer a casa de una señora de 96 años. Esta historia ya es lo bastante suculenta para merecer una entrada, pero iré al grano. La casa de esta señora tiene tres patios. Los dos primeros están a la vista. El tercero está tras un portalón cerrado con una llave.

Considero que hay tres niveles de ayuda: en el primero, nos ayudamos a nosotros mismos. En el segundo, ayudamos a nuestra familia. En el tercero, ayudamos a la sociedad. Aunque lo correcto es pasar esos niveles -patios- en ese orden, mucha gente pasa de uno a otro sin ni siquiera completar el anterior, incluso saltando aleatoriamente de uno a otro.

El otro día, la señora, sin venir a cuento, alargó su trémula mano, me entregó una llave y me dijo: “¿Quieres ver el tercer patio?”. ¡Increíble! Claro que sí, ¿cómo no ver ese lugar secreto del viejo caserón? Justo el día anterior, comenzó a cuajarse algo que llevo preparando muchos meses (e incubando desde antes incluso de salir de viaje): hacer algún tipo de voluntariado que, a ser posible, implicara mi pasión por el teatro.

He tenido la suerte de haber pasado por los dos primeros patios. Y, ahora, he llegado al tercer patio, mediante un voluntariado en la asociación Doctores de la Alegría, que utiliza las técnicas de clown para arrancar sonrisas a niños y ancianos en hospitales y asilos. El día que preparé la mochila, proféticamente, metí mi nariz de payaso entre el equipaje, como una señal que, en estos días, ha cobrado sentido, sumado al trabajo de criogenización (recuperar mi crío interior) que estoy haciendo desde que salí de mi planeta.

En mi primera sesión fuimos al hospital infantil, a las unidades de quemados, cirugía e infectología. Terapia de choque para mí, y risoterapia para ellos. En la unidad de quemados conocí a R, un chico de 14 años que lleva dos años allí. Su madre le prendió fuego con gasolina, y lleva tantas operaciones que ya no quedan partes de su cuerpo de donde sacarle piel para hacerle injertos. También conocí a E, un niño de 5 años que, con sólo las puntas de los dedos libres de vendajes, era capaz de devolverme un globo volando en la habitación. O la historia de B, un niño de 3 años que no hablaba nada (sus compañeros de habitación lo justificaban diciendo que “está deprimido”). Comenzó la tarde mudo, prosiguió pegando a los otros Doctores de la Alegría, continuó en brazos de una de ellas, y terminó llorando cuando nos fuimos.

No os podéis imaginar todo lo que ha pasado por mi cabeza estos días. Además, voy a impartir un taller al grupo en un par de semanas, y posiblemente prepararemos entre una chica y yo alguna dramaturgia para fin de año.

Si ves reír Cochabamba, Bolivia, vas a tener que aprender a soñar.

10 comentarios. Deja el tuyo aquí.

  1. Jose //

    Ganas de llorar, Oli.

  2. Pedro Mayor //

    Ya decía don Pedro Calderón de la Barca que ni en sueños se pierde el hacer el bien, una máxima que he procurado mantener desde mi adolescencia. Hacer el bien a los demás mientras tengamos tiempo y podamos. Te hace más feliz.

  3. MERCEDES E IGNACIO //

    Asombroso y conmovedor. Toca la fibra del material de que estamos hechos: la ternura. Un abrazo y te seguimos siguiendo, tal cual.

  4. Morci //

    Grande Oli.

  5. mademoiselle99 //

    Muy emocionante

  6. Jaramos //

    Oli, te sigo. Pero yo, si fuera tú, me quedaba en ese tercer patio para siempre. Tu reseña es sencillamente conmovedora, para llorar de emoción. Dentro de mi profesión, si hubiera podido, hubiera sido maestro de niños de hospital. Creo que ellos y las familias necesitan gente que les haga la cosa más llevadera. Repito, si yo fuera tú, me quedaba. Eres muy afortunado al haber podido realizar este estupendo viaje. Salud(os).

  7. Pe //

    El segundo nivel del que hablas yo más que “de la familia” lo considero “de tu entorno” que en algunos casos será sólo la familia pero en la mayoría de los casos incluirá a amigos e incluso vecinos.
    Goethe decía que con que todo el mundo barriera la puerta de su casa el mundo sería un lugar limpio. Si llegáramos al mundo con todos los portales igualmente sucios sería una buena solución pero como en algunos sitios hay basura acumulada, tenemos que pasar a lo que tú llamas “el tercer patio” y echar una mano en las calles polvorientas.

  8. maria //

    hola. me gusta lo q estás haciendo,
    lo de clow ayuda mucho de manera personal…
    mira, si quieres, el libro de la risa (henri bergson), no sé si te pueda ayudar a tener algunas ideas. lo trabajé para humor gráfico y es muy bello.
    q te acompañe toda la buena energía para esa labor, para q saques risas incluso de donde no las hay…

  9. Oli //

    ¡Gracias a todos! ¡Hola, María, bruja! Ayer fue un día muy duro en el hospital (por un incendio que ha habido esta semana y que los medios han avivado), pero conseguí hacer reír a W y E.

    Pe, yo creo que el segundo patio se limita a la familia, porque tu entorno fuera de ella puede cambiar (como de hecho cambia) de un día para otro.

    En cuanto a lo de la basura acumulada, recomiendo participar en el “little gesture”, una iniciativa colectiva (que conocí gracias a nuestro comentarista Eynar) consistente en hacer un pequeño gesto (como recoger un papel que no hayas tirado tú y tirarlo a la papelera) y así ayudar al planeta.

    ¡Morcelio, feliz cumple otra vez!

    OLI I7O

  10. Ross //

    Uy, creí que ya había contestado.

    Gracias por compartirlo Oli, no tiene precio.

    Besetes

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