La Danza Larga

Incluso desde antes que ocurriera (sí, lo confieso, a veces pienso en la redacción de las entradas antes de vivir las experiencias), llevo mucho tiempo pensando cómo contar lo que sucedió la pasada noche del 13 al 14 de agosto, cuando participé en La Danza Larga, un ritual chamánico que tuvo lugar cerca de La Paz. No obstante, no es fácil por la cantidad e intensidad de acontecimientos. Así que intentaré ser conciso (que no breve). Eso sí, aviso: el que quiera creer, que crea lo que quiera creer.

Contexto

El ritual tuvo lugar cerca de La Paz, lo que implicó volver a esa ciudad (era la segunda vez en el viaje que “deshacía” camino). Esa noche era luna llena, y eso favorecía la presencia de ciertos espíritus, además de la medicina: un brebaje hecho a base de San Pedro (un cactus del cual se extrae la mescalina) y otros elementos que sólo el chamán conocía.

En concreto, el ritual tuvo lugar en el Valle de las Ánimas, un espectacular enclave frente al Illimani, la montaña sagrada de Bolivia. La ceremonia, además, incluía un ritual de matrimonio entre unos amigos de aquí, de Cochabamba. Ellos tenían que realizar diversas ofrendas, y el resto de los participantes teníamos que preparar una “bandera intencional”, donde escribíamos nuestros miedos, nuestros sueños y aspiraciones en la vida (suerte que ese trabajo ya lo tenía avanzado en mi cuaderno rojo -y ahora el negro-).

Cuando llegamos, el chamán nos explicó cómo se desarrollaría el ritual: comenzaríamos con unos sutras (sonidos universales con significado) y luego tomaríamos la medicina. Luego, caminaríamos la mitad de la noche alrededor de una hoguera, en círculo (en un recinto flanqueado por nuestras banderas intencionales, colgadas de hilos horizontales), en un determinado sentido, a fin de concentrarnos en aquello que queremos dejar atrás (como si fuera un desagüe del váter). Luego, nos detendríamos para ejecutar el ritual del matrimonio, y luego caminaríamos en el sentido contrario, para favorecer la ascensión de lo que queremos atraer en nuestra vida. En total, unas siete horas sin parar de caminar. De ahí finalizaríamos por la mañana en el temazcal, la sauna sagrada de la Madre Tierra (Pachamama).

La fase “desagüe”

Tras verbalizar en grupo los milenarios sutras iniciales, el chamán nos proporcionó la medicina. Entonces, comenzamos a caminar alrededor del fuego. Realmente no caminábamos, sino que danzábamos al son de la música que el chamán y sus discípulos tocaban con diversos instrumentos. El fuego, la noche, la luna llena, la música y la medicina crean un estado mental en el que muchos experimentan trances, visiones, recuerdos de vidas pasadas, presencias de espíritus, percepción sensorial extraordinaria o simplemente náuseas (ya que tomar la medicina es como beber fango). Me vais a permitir reservarme parte de mi experiencia, pero sólo contaré crípticamente que el cielo y la tierra se intercambiaron entre sí.

Mientras muchos experimentaban desmayos, espantosas visiones y otros se retorcían en el suelo, yo me concentré en lo que el chamán nos pidió: visualizar lo que queremos dejar atrás y no dejar de caminar para favorecer el flujo colectivo de energía. Os juro que caminar durante tres horas alrededor de una hoguera y con la medicina en tu cuerpo tiene un efecto muy, digamos, interesante.

El matrimonio

A mitad de la noche, nos sentamos. La pareja se sentó junto al chamán, que ejecutó las bendiciones y procedió a la quema de la “mesa” (un conjunto de ofrendas en las que también nosotros participamos). En ese momento, vino la parte más hermosa de la noche: las declaraciones mutuas de amor y el momento en que el chamán enlazó con unas telas el pie y el brazo derecho del novio con los respectivos pie y brazo izquierdo de la novia, para que aprendieran a caminar juntos, codo con codo, rodilla con rodilla.

La fase “ascensión”

Así, atados juntos, la pareja comenzó su andadura alrededor del fuego, en sentido contrario. Yo, aún bajo mi efecto, estaba maravillado ante esa visión. Esa imagen se convirtió en algo que yo mismo quise incorporar a mis peticiones. Yo tenía una idea de lo que sería el ritual, pero aquello rompió totalmente mis esquemas. Ahí fue cuando me entregué definitivamente a la ceremonia. Nuevamente, me concentré en no parar de danzar en el sentido que nos pidió el chamán, algo más complicado dado que el cansancio empezaba a hacer mella colectiva en todos.

De pronto, la luna comenzó a ocultarse. En el otro extremo del cielo, empezó a intuirse el alba. Los pájaros se aclararon la garganta, y la música y los cánticos chamánicos comenzaron a cesar. Entonces, el sol, majestuoso, se asomó por detrás de la cordillera, estampando sus rayos sobre el Illimani, que parecía flotar en un lecho de nubes. Un nuevo día, en el sentido más amplio de la expresión, estaba comenzando. De ahí nos dirigimos al temazcal.

El temazcal

El temazcal es una especie de sauna donde se cava un agujero en el suelo y se depositan piedras previamente calentadas al fuego. Se acota el espacio con una cúpula donde no puede entrar la luz. Alrededor de ese agujero se sientan los participantes, que experimentan un intenso vapor purificador conforme unos cubos de agua con especias son vertidos sobre las piedras incandescentes.

El temazcal es la fusión entre los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego. Simboliza el vientre de la Madre Tierra (Pachamama), e incluye diversas plegarias y agradecimientos previos a cada vertido de agua sobre las piedras. Os puedo asegurar que el vapor es realmente purificador. Cuando se abre la cúpula, al frío y los primeros rayos de luz de la mañana, has nacido de nuevo. Todos los allí presentes ya éramos hermanos, hijos directos de la Pachamama. En ese momento, te tumbas boca abajo, agradeces lo que quieras agradecer a la Madre Tierra, te das la vuelta y haces lo mismo con el Cielo, y el ritual termina con un cubo de agua fría sobre tu cabeza.

La evaluación

Tras concedernos unas horas para descansar (que yo realmente no pude, dada la intensidad de la experiencia), nos volvimos a reunir todos en el lugar de la ceremonia, para evaluar uno a uno nuestra experiencia. Yo fui conciso en mi descripción (fue más bien un agradecimiento) porque me apetecía escuchar a los demás, que relataron experiencias de todo tipo.

El ritual de la Danza Larga me marcó profundamente. Entendí varias cosas que sólo se pueden entender cuando las experimentas. Entendí que dentro de mí existe TODO, y con “TODO” me refiero a TODO, desde antes del primer pez que saltó a la superficie para respirar hasta el primer encontronazo entre un tiranosaurio y un triceratops, la primera rueda que se construyó, los primeros sacrificios humanos, la construcción de las pirámides de Egipto, el hundimiento de la Armada Invencible, la Guerra de Secesión, la colonización de la India, la Guerra Civil Española, el Holocausto Nazi, las primeras huellas sobre la Luna, el primer beso de mis padres, la caída de las Torres Gemelas y la decisión de incluir mi nariz de payaso entre mi equipaje en este viaje.

Entendí, en definitiva, que el tiempo y el espacio sólo existen en nuestra mente, pero que bajo esa capa engañadora hay un todo que no obedece a las reglas formales que creemos que rigen el mundo, y que ese todo nos utiliza a cada uno de nosotros como un instrumento, un prisma, para iluminarnos entre nosotros. Que todo funciona a la perfección desde siempre, y que no somos quien para pensar que podemos influir sobre ese todo, basado en la expansión-contracción (desde el nivel cósmico hasta el nivel atómico). Sí podemos orientar ese prisma que somos en distintas direcciones para decidir cómo iluminar nuestra vida y las personas que nos rodean, pero siempre teniendo en cuenta el compromiso con la luz refractada que emana de ese prisma.

7 comentarios. Deja el tuyo aquí.

  1. Ross //

    Madre mía.

    Imagino que el efecto de la “medicina” estará en cierto modo condicionado por la actitud de cada uno en el mundo, lo que se lleva por dentro, etc. En cualquier caso algo muy personal…

    Sigue disfrutando! (Pero no tomes más medicinas de esas, eh?? :P)

    Besetes!

  2. Co //

    Con un alucinógeno en el cuerpo, la magia de la luna llena y mucha fe, la noche puede dar de sí cualquier cosa… ¿Cuánto cobró el chamán? Menos mal que ya no pueden manipular a tanta gente como hace miles de años, lástima que B16 y compañía puedan aún.

  3. Marta //

    Deja de drogarte :P

  4. Pe //

    Vaya, veo que tu viaje incluye TODO tipo de experiencias…

  5. Mercedes e Ignacio //

    Compartimos contigo que todo el mundo está dentro de nosotros, por cuanto sólo podemos percibirlo a través de nuestros sentidos y nuestra educación, genética o ambiental. Gracias por contarnos esta experiencia tan poco corriente y propia de un viaje iniciático, aunque no se sepa muy bien hacia dónde. Necesitamos magia para soportar la vida y la estupidez humana.

  6. Irina //

    Ahí sí que te sentirías como un crío, dando vueltas hacia un lado y hacia otro, a los niños les encanta. No sé si como ritual infantil o con el fin liberar toda la energía que les sobra y que a los mayores nos falta.

    No soy muy creyente de rituales aunque sí sé que son necesarios para creer en nosotros mismos y en los quienes nos rodean. Incluído el “me pongo de pie y me vuelvo a sentar” de las iglesias, los cánticos, las lecturas, el recogimiento, el incienso, el ojo que lo ve todo… cada cultura tiene sus métodos para seguir creyendo cuando se rompe el mundo fantástico de la infancia. La magia sólo existe cuando se cree en ella.

    Mil gracias por contarnos esta experiencia.

  7. Alberto //

    De seguro fue una buena experiencia, llena de mucha magia y renovación

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