Auschwitz subterráneo

Tenía mis dudas sobre hacer o no el tour de las minas de Potosí. Para mí, era como la gente que va a Alemania y visita el antiguo campo de concentración de Auschwitz. Al fin y al cabo, en estas minas sigue muriendo gente bajo unas condiciones de trabajo muy duras.

Pero había unas poderosas razones para hacerlo: por un lado, luchar contra mi claustrofobia. Por otro lado, parte del dinero recaudado va para la cooperativa de mineros de Potosí. Una vez dentro, pude comprobar cómo, efectivamente, los turistas somos de las pocas cosas que les queda frente al olvido de esta situación por parte del gobierno central.

Después de ataviarnos con trajes apropiados para la mina, nos llevaron al llamado Cerro Rico (en quechua: Sumaj Orcko), la montaña que concentra todas las galerías.

 

Allí, la entrada se presentaba desafiante para un novato en temas mineros como yo.

 

Al principio, los túneles eran amplios…

 

…Pero poco a poco se hacían más angostos. A eso, había que sumarle que los mineros están trabajando, y de pronto se escuchaban detonaciones de dinamita, que hacían retumbar toda la mina. Era espeluznante, os lo puedo asegurar.

 

El ambiente estaba realmente cargado de polvo de mineral (principalmente extraen plata y estaño). Respirar allí, sumado al hecho de que estas minas están a más de 4.000 metros de altura, era muy complicado. Eso sí, íbamos con un canario por delante para detectar el grisú (bueno, realmente era un chico de las Islas Canarias).

 

Había túneles que había que atravesar casi gateando. Desde luego, si mi objetivo era luchar contra mi claustrofobia, estaba en la terapia de choque perfecta.

 

A destacar la figura de El Tío, un demonio protector de la virilidad y la suerte de los mineros en las galerías al cual se le hacen ofrendas y agradecimientos, junto a la Pachamama (cuya importancia ya conocemos desde que os hablé de las islas del lago Titikaka y de la Danza Larga). Los mineros se apoyan en el alcohol para soportar las durísimas condiciones de la mina, otro elemento clave en las ofrendas. Incluso hacen juegos con dinamita, tipo ruleta rusa.

 

Tras tanto polvo inhalado, galerías imposibles de recorrer, coca masticada y tragos de alcohol de 96°, llega la luz al final del túnel, nunca mejor dicho.

Las conclusiones tras haber pasado varias horas en esas galerías son muchas. Para empezar, los mineros trabajan bajo unas condiciones durísimas. Hay grupos que trabajan juntos, en sus propias galerías, y cuando se encuentran con otro grupo que está barrenando peligrosamente cerca (tal que amenace su colecta del día y su integridad), tienen que resolver la contienda entre ellos. Primero, a hostias. Si no llegan a una conclusión, van a la Cooperativa.

Lo que sacan se reparte entre el grupo. Los más jóvenes y fuertes se dedican a sacar y meter por los raíles los vagones, que pesan unos 1.200 kilos. El que va delante controlándolo, en caso de sufrir un tropiezo, lo tendría bastante jodido, dada la velocidad a la que mueven esos vagones (sí, yo también me acordé de “Indiana Jones y el Templo Maldito”). Los más veteranos se encargan de barrenar con el martillo eléctrico y de colocar las cargas explosivas.

La esperanza de vida de los mineros es de unos 55 años. Con suerte, a los 40 te has podido jubilar y dedicarte a ser guía turístico. Muchos de ellos, con más de 50 años, sufren de una espantosa silicosis que corroe sus pulmones (porque primero son los mineros los que corroen la mina, y luego es ella la que se toma su venganza). De ahí en adelante, muchos están en estado terminal, o con una penosa calidad de vida.

Me ha parecido muy importante poner ojos y dar voz a esta situación. La minería en Potosí es el segundo motor económico de Bolivia (tras la industria de hidrocarburos de Santa Cruz), y al final, a los mineros sólo les quedan la compañía, los regalos y los blogs de sus visitantes para hacerse oír. Como decía aquella película, en las minas nadie puede oír tus gritos.

8 comentarios. Deja el tuyo aquí.

  1. José Miguel //

    ¡Uf! Me he agobiado solo leyéndolo. Estar allí debe de ser insoportable. Y trabajar toda tu vida mejor ni pensarlo.

    P.S: Estúpida nueva ortografía de la RAE…ahora nunca sabréis si me he agobiado sin compañía o me he agobiado sólamente con leer la entrada.

  2. Pe //

    Buf, la minería es un oficio terrible, no trabajaría en ello por nada del mundo, recuerdo la historia de los mineros chilenos de hace un año, qué agobio. Como sabes, nuestra familia es de un pueblo minero y el mayor de nuestros tíos tuvo que trabajar allí en la posguerra civil para ayudar económicamente a la familia. Y ya sabes como tiene él los pulmones (no sólo por la mina, todo sea dicho).

    Yo también tengo cierta claustrofobia y me he despertado de un salto en la puerta del dormitorio de pesadillas en las que se me cae encima una cueva o algo así. Un amigo me dijo que eran recuerdos del parto, no sé.

    Y un detalle menor, Auschwitz está en Polonia.

  3. Elena //

    Escalofriante, Pablo.
    Gracias por compartir, una vez más, la experiencia.

  4. Co //

    Yo también tengo claustrofobia y no habría podido hacer la “visita”. Ni tampoco a Auschwitz (ejem, Polonia), pero por otros motivos, una angustia aún mayor que la que me produce entrar en un ascensor o en el cuarto oscuro a revelar películas y que aparece al saber de tantos genocidas y neonazis orgullosos de sí mismos. Qué valor, Pablo.

    Besos.

  5. Irina //

    Enmudecida estoy! Nunca te hubiera imaginado entre auténticas nubes de grisú. Qué valiente!

    El caso es que, por otro lado, he recordado a los habitantes de un planeta, pequeño y conocido, excavando túneles con destino incierto. ¿Qué dirían ellos si te vieran?

    Y lo que digo yo: vales un potosí, cuídate mucho!

  6. Oli //

    Dije que es la típica visita cuando se va a Alemania, aunque sabía que está en Polonia, todo aquello del ghetto de Varsovia, ejem. :·) De hecho, busqué en Wikipedia cómo se deletreaba Auschwitz. :·) Y el abuelo de un amigo estuvo en ese campo de concentración y me contó la historia hace bien poco.
    Gracias a todos, la terapia funcionó a la perfección. Un miedo menos. Ah, y agarraos, que vienen curvas.

    OLI I7O

  7. Ross //

    Y luego ganaran una miseria, que al final es lo de menos si a los 50 se van…

  8. Jose //

    Tu viaje está dejando experiencias y relevando testimonios absolutamente desconocidos para mucha gente. La situación de estos mineros es tan extrema que cuesta concebir la situación que les empuja a estar ahí debajo. ¿Vale la pena? Por supuesto que no, pero quién lo decide, ¿ellos o los que se lucran con su trabajo? En fin… Para poner el contrapunto irónico, me quedo con tu pequeña broma del canario: http://youtu.be/dQEIYjS1ePY

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