El lavabo de los dioses

Si ya hemos conocido la terraza de los dioses, es momento de conocer dónde se lavan las manos para crear: las cataratas del río Iguazú. Ningún libro, foto, vídeo, postal, blog o relato oral puede trasladar la impresión que supone estar aquí. Lo más parecido que se me ha ocurrido es la famosa frase de Julia Roberts en “Pretty Woman” cuando sale de la ópera.

La leyenda de las cataratas del Iguazú te desborda incluso antes de verlas. Al acercarte, ves un horizonte vacío. No sabes qué hay ahí, pero sabes que, de alguna forma, la naturaleza tiende a llenar los huecos, y piensas en qué sorpresa tendrá preparada para ti.

Al llegar, las ves. Ahí están para ti las cataratas. Es como si un centenar de montañas líquidas se te vinieran encima, con un ensordecedor, pero a la vez magnético, rugido que te envuelve incluso desde kilómetros de distancia. Las microgotas que surcan el aire a la velocidad del rayo parecen incrustrarse en tus carnes como metralla pura de vida y naturaleza. Y todo eso, rodeado de diversas rapaces, cocodrilos, vencejos, tucanes…

Esta zona es la llamada “triple frontera” entre Paraguay, Brasil y Argentina. Sin embargo, las cataratas sólo se pueden visitar en los lados de Brasil y Argentina. Paraguay, seamos francos, vive a remolque de esta leyenda.

Como anécdota, en mi grupo del tour íbamos una pareja de holandeses, un suizo, un brasileiro, yo (español), y luego coincidimos con un argentino. Empezamos a hablar de fútbol y por poco se lía pardísima. Yo, callao, dando la enhorabuena al suizo.

Imperdible punto a visitar, en el lado argentino (que representa un 85% de la visita), la Garganta del Diablo, el sumidero donde confluyen gran número de saltos de agua. Para que os hagáis a la idea, es imposible de fotografiar en su totalidad (desde el mirador), y yo estuve hipnotizado casi una hora, sin poder salir ni dejar de mirarlo.

Confieso que me ha costado elegir entre las fotos para ilustrar la entrada. Quería detallar la estructura de las cataratas, para que pudiérais dimensionar todo, pero no importa. Las cataratas del Iguazú, o Iguaçu, con sus pasarelas para turistas, sus tours de helicópteros, sus excursiones de colegios, sus domingueros, o sus mochileros, son majuestuosas en sí mismas, algo que he podido experimentar en este viaje con los dedos de una sola mano. La otra la usaba para sujetarme la mandíbula.

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  1. Jose //

    Qué bien, Oli. Creo que tal y como lo describes es como deben ser realmente. Espero verlas pronto.
    Abrazos, amigo.

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