El mar, de nuevo

O el tiempo está haciendo mella en mi cabeza, o desde que estuve en la Isla de la Plata, no he vuelto a ver el mar en todo su esplendor. Lo particular con respecto a aquella vez es que vuelve a ser en el océano Atlántico, lo cual me coloca a 5 horas de España, en la orilla opuesta, mirando desde Cádiz.

Estoy en Uruguay. Mi salida de Brasil ha sido tranquila, y echo de menos haber conocido mejor aquel gran país. Ya empezaba a desenvolverme con el idioma, y a aprovechar el potencial social de los brasileiros… Habrá que dedicarle más tiempo en otra ocasión.

Como decía, ya estoy en Uruguay. He entrado por Chuí, cuya frontera es una calle que separa los comercios en portugués y en español como si hubieran dado un hachazo al suelo. Los comercios, el idioma… todo cambia en apenas diez metros. Y es que en este continente, no es lo mismo “frontera” que “aduana”. En la primera foto, podéis ver el lado brasileiro; en la segunda, el lado uruguayo:

Mi primera parada ha sido Punta del Diablo, una turística localidad en temporada alta, porque ahora parece sacada de una película (o libro) de Stephen King: no hay nadie por las calles, la niebla lo envuelve todo, y de pronto se te cruza un perro rabioso, entre atronadoras ranas croando. Pero estoy de nuevo en el mar, por poco tiempo, porque en breve continuaré el viaje. Primero, exploraré un poco de Uruguay, y luego iré a Buenos Aires. De ahí, como bien habéis decidido unos cuantos en la página de Facebook, bajaré hasta el extremo sur del continente, Ushuaia, para volver a subir a Chile, y llegar a mi objetivo: Santiago.

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