Buenos Aires y Murcia, al final se han encontrado

Cuando, por estos lares, me preguntan de dónde soy, siempre digo que soy del Mediterráneo. Al final, todo es una cuestión de identidad. Las grandes ciudades que saben esto, han desarrollado una personalidad única. Como ejemplos, me vienen a la cabeza Nueva York, París o Buenos Aires.

No es casualiddad que haya elegido esta foto como tarjeta de presentación de Buenos Aires para este blog. Conforme te acercas en el ferry desde Colonia (Uruguay), el perfil de la ciudad emerge fantasmagóricamente ante tus ojos, y toda su leyenda canalla, miserable y luminosa entra por cada poro de tu piel aún antes de haber atracado a puerto.

En mi primer paseo, visité puntos tan (a)típicos como la Casa Rosada, la Plaza de Mayo, el Congreso, el Obelisco o el Teatro Colón…

…y también otros destinos como el cementerio de la Recoleta, que sació mi hambre de visitar cementerios durante un rato…

…el jardín japonés, que, desde que visité el de la UNESCO de París, se han convertido en mi pequeña obsesión…

…el planetario…

…o el monumento a Madonna.

Bromas aparte, los porteños son la sociedad más hedonista que he conocido, más aún que los parisinos. Adoran lo placentero, el mínimo esfuerzo pero con el mejor servicio posible -son muy exigentes en ese sentido-, los detalles –“¿me traés un vasito de agua con el café, por favor?”-… Con el tiempo y las hostias de la historia han aprendido a cuidarse de lo lindo, con multitud de parques, terrazas, cafeterías… Es, sin duda, una de las ciudades que más me ha impactado. Por no hablar de su actividad cultural, que antes de llegar, ya me habían pasado varios planes que no podía perderme, desde lo más underground, hasta lo más popular.

Buenos Aires es de esas ciudades que conforme pisas sus calles, no sólo percibes la belleza estética aparente. También percibes lo subyacente. Al igual que en Nueva York, que al caminar por la Quinta Avenida, puedes percibir el olor a pescado podrido de los muelles de Queens, en Buenos Aires también puedes caminar por la Avenida 9 de Julio y percibir el olor a tabaco retestinado de los bares de San Telmo o La Boca.

Pero, claro, para transmitir eso, se necesita una personalidad que raramente encontramos en las ciudades del mundo.

2 comentarios. Deja el tuyo aquí.

  1. Co //

    ¿Te ha llovido cenizas? :-) Reales, del Puyehue, digo.

    Besos desde las mantas de mi cuarto

  2. Ledia //

    Que bonito Pablo!! visitaras la “otra” Cordoba?? Cuidate.Bss

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