Bariloche, nieve y ceniza

Érase una vez un hombre al asiento de un bus pegado durante 28 horas, a lo largo del an(o)dino trayecto entre El Calafate y San Carlos de Bariloche, la capital de los lagos del sur, envuelta entre cumbres nevadas.

Bariloche, que en lengua mapuche significa “Aceptamos Visa”, ha sido una de las ciudades más afectadas por la intensa actividad reciente del volcán Puyehue. Esto ha provocado un caos aéreo en toda la zona, y muchas ciudades, como la misma Bariloche, han estado o siguen estando cubiertas de ceniza como si fuera el fin del mundo. Actualmente, el ambiente aquí está un poco difuminado, como cuando Sara Montiel pedía que pusieran una media de lycra en los objetivos de las cámaras. Eso sí, al menos ya han barrido la mayor parte de las cenizas, pero en los tejados todavía se aprecian trazos grises.

No voy a poder quedarme mucho tiempo aquí. Y es una lástima por dos motivos. Uno, que la ciudad es preciosa. Y dos, porque mañana hay una fiesta de Halloween, y había pensado ir de zombie, es decir, con la misma ropa que llevo desde hace casi 8 meses, olor incluido. Pero mañana, si Dios quiere y el tiempo lo permite, dormiré en Chile, cada vez más cerca de mi objetivo: Santiago. Eso, también es para celebrarlo.

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